Introduccion
El mundo de ahora; donde la
primera causa de muerte siguen siendo las enfermedades cardiovasculares; la
detección y control de los factores de riesgo es, por el momento, la única
manera de disminuir su incidencia. La apreciación del riesgo cardiovascular es
la manera más adecuada de discriminar entre personas que requieren medidas
intensivas en el control de sus factores de riesgo y quienes, por su muy bajo
riesgo, no las necesitan. Cada población debería conocer su riesgo
cardiovascular que no es más que:
La probabilidad que tiene un
individuo de contraer una enfermedad cardiovascular en los próximos 10 años,
basado en el número de factores de riesgo presentes en el mismo individuo
(riesgo cualitativo) o teniendo en cuenta la magnitud de cada uno de ellos (riesgo
cuantitativo)5 y que al contraer esta enfermedad puede sufrir un evento fatal o
no.
Existen diferentes formas de
estratificar el riesgo, por ej. en tablas, como las de Framinghan, luego
surgieron otras para diferentes regiones.
A pesar del avance que se ha
alcanzado en los últimos tiempos sobre estas enfermedadesy particularmente lo
que es el Riesgo Cardiovascular Global (RCG) (también llamado Riesgo
Cardiovascular Total),y no sería inadecuado el término de Riesgo Panvascular,
ya que no escapa a su acción deletérea ningún grupo vascular del cuerpo, como
son la retina, riñón, arterial periférica, entre otros, la epidemia sigue
avanzando y se encuentra en un estado de estancamiento de resolución, según la
opinión de algunos estudiosos Queda mucho por hacer en este tema y les
corresponde a los profesionales de la salud llevar la ofensiva para poder ganar
el propósito de aumentar la calidad de vida de la población cubana. Nos hemos
propuesto caracterizar el grado de conocimiento, que tienen los médicos y los
licenciados en enfermería del Sistema Nacional de Salud, principalmente, acerca
de lo que es el Riesgo Cardiovascular Global.
Breve reseña histórica
En la antigua Grecia se
aconsejaba el ejercicio físico para todas las enfermedades en general y en las
cardiopatías en particular. Así lo describe Asclepíades de Prusa en el siglo I
antes de nuestra era. Heberden, en el siglo XVIII, fue el primero en describir
la angina de pecho y también puede considerarse el primero en describir la
mejoría de un paciente con angina de pecho mediante el ejercicio (un leñador de
la campiña inglesa, cuyo esta- do mejoró
serrando madera durante media hora diaria) .No obstante, a finales del
siglo XIX y principios del XX, cambió totalmente esta filosofía, existiendo una
tendencia general a tratar las enfermedades con reposo. En este cambio de
comportamiento influyeron los estudios de Mallory y colabora- dores (respecto
al caso de la cardiopatía coronaria) quienes demostraron el tiempo necesario
para que, tras un infarto del miocardio agudo (IMA), el tejido necrótico se trasformase
en cicatriz consolidada; pero sobre todo influyó los aportes de Jetter y White,
referidos a la gran mortalidad por ruptura cardiaca encontrada en pacientes con
IMA inter- nados en instituciones mentales, atribuida a que no guardaban el
entonces imprescindible reposo prolongado. Durante la primera mitad del siglo
pasado se tendía a que estos pacientes hicieran reposo en cama durante seis a
ocho semanas y reposo en sillón durante otros seis meses, no pudiendo subir escaleras
durante un año como mínimo y siendo excepcional la vuelta al trabajo de los
mismos, terminando casi todos en invalidez de mayor o menor grado. Sin embargo,
ya en 1944, Dock describe las se- cuelas nocivas que se derivan del reposo
prolongado en cama y en 1952 Levine y Lown recomiendan lo que se llamó
tratamiento en sillón de los casos de trombosis coronaria aguda, en contraposición
al reposo absoluto en cama usual de dicha época. No es hasta los años 50 que se
inicia un cambio radical respecto a esa conducta y se comienza a reducir el
período de reposo que se acompaña, además, de un tiempo de estancia en el
hospital también progresivamente reducido. A partir de la década del 60, la
Organización Mundial de la Salud, recomienda la ejecución de los programas de
actividad física para pacientes cardiópatas englobados en los programas de
rehabilitación cardiaca. De este modo, se asienta definitivamente esta práctica
en los países europeos, Estados Unidos y Canadá, no así en los países
hispano-parlantes, donde esta práctica se queda rezagada y son tardíos los
primeros trabajos publicados sobre el tema.
Modificaciones fisiológicas y fisiopatológicas generales y
cardiovasculares producidas por el reposo
En la actualidad, está fuera de
toda duda la conveniencia de que los pacientes cardiópatas realicen ejercicios
físicos siempre que estos se ejecuten de modo controlado y atendiendo a las
posibilidades individuales reales de cada cual. Las secuelas nocivas del reposo
prolongado en cama fueron referidas por Dock en 1944. Entre estas, cita la
descalcificación ósea, la atrofia muscular, mareos, e incluso lipotimias, al
intentar el inicio de alguna ligera actividad después de períodos prolongados
de reposo . Las anomalías causadas por el reposo prolonga- do fueron estudiadas
posteriormente por Deitrick y colaboradores en sujetos normales, y por Fareeduddin
y Albelman, en pacientes con infarto del miocardio, quienes profundizan más en
la fisiología y la fisiopatología de las modificaciones antes mencionadas. Los
datos recogidos en estos trabajos fueron posteriormente publicados en un
artículo editorial de la revista The Lancet, en abril de 1969 y puede considerarse,
junto a los informes de la OMS emitidos en esa etapa, como el punto de partida
de la filosofía moderna del trata- miento de la cardiopatía coronaria y de todo
tipo de cardiopatías . Deitrick y colaboradores destacan, que el
reposo prolongado en cama afecta los mecanismos que mantienen la homeostasis
circulatoria al pasar a la posición erecta, sugiriéndose que las causas
fundamentales de la tendencia incrementada hacia el mareo están dadas por la
insuficiencia del retorno venoso y, consecuentemente, por el insuficiente
llenado diastólico ventricular y la disminución del tono muscular, lo cual
concuerda también con los aportes de Levine y Lown. También especifica que “las
consecuencias sintomáticas de la hipotensión postural (debilidad, falta de
estabilidad y tendencia al mareo en posición ortostática) no son específicas de
una en- fermedad particular y son experimentadas por muchos pacientes, así como
por individuos sanos después de cortos períodos de reposo en cama”, encontrándose
que semejantes síntomas acompañan comúnmente a la movilización pre- coz después
de un IMA. Se demuestra por otra parte, que los ejercicios precoces de flexión
de los tobillos y de la punta del pie durante la enfermedad aguda, podían
ayudar a prevenir el éxtasis venoso y el riesgo de trombosis y embolias
pulmonares, al mismo tiempo que se mantiene el tono muscular. En la
década de los 60, Saltin y colaboradores,
estudian las modificaciones fisiológicas cardiovasculares producidas por
el reposo y destacan la disminución del consumo máximo de oxígeno (VO2Max), el
volumen sistólico y el volumen cardiaco, así como el aumento de la frecuencia
cardiaca (FC), que se observaba tanto en el reposo como al esfuerzo. Por otra parte, Chapman y colaboradores des-
tacan los efectos que produjeron 20 días de re- poso en cama en un grupo de
hombres jóvenes sanos, en los que diagnostican una disminución de la masa magra
corporal, del agua total del organismo, de la masa eritrocitaria, del volumen
plasmático y del volumen de líquido intracelular, así como una disminución
media de la captación de oxígeno en un 28%. Encuentran, asimismo, que para
recobrar los niveles previos al reposo, se necesitaban 55 días de entrenamiento
físico intensivo. En consonancia con los hallazgos de Saltin y colaboradores,
Kottke notifica, en un grupo de sujetos sometidos a reposo en cama por 21 días,
que la FC aumenta medio latido por día a la vez que detecta un balance negativo
de nitrógeno de 1 a 3,5 mg por día. De
acuerdo a nuestra experiencia en la aplicación de programas de
acondicionamiento físico como parte de la rehabilitación de pacientes que han
sufrido IMA, se ha constatado que el reposo prolongado influye negativamente en
los pro- gramas de rehabilitación ya que los pacientes disminuyen notablemente
su capacidad física de trabajo, trayendo como resultado la necesidad de un
largo periodo de acondicionamiento para poder alcanzar los objetivos
propuestos, todo ello sin contar los cuidados que se requieren en la aplicación
de las cargas físicas, por ser dichos pacientes más vulnerables a las lesiones
musculo esqueléticas inducidas por el ejercicio, que otros pacientes que no han
requerido inmovilizaciones prolongadas. Las consecuencias de los efectos del
reposo durante periodos variables de tiempo en diversos grupos de sujetos sanos
y enfermos, fueron confirmadas en los años setenta a través de las
investigaciones realizadas con el grupo de astronautas que integraron las
tripulaciones del proyecto Apolo y del Skylab. Además de las modificaciones
atribuibles directamente a la ingravidez, se observó en estos sujetos, que se
producía una disminución del agua corporal total, del líquido intracelular, del
volumen plasmático, de la masa eritrocitaria, y del potasio, este último
elemento, de particular importancia para los cardiópatas. También se comprueba,
que la realización regular de ejercicio durante la estancia en el espacio minimizaban
estos cambios. Paralelo a las favorables opiniones expuestas antes, no faltaron
los informes contrarios. Así lo demuestran estudios publicados en la
revista British Heart Journal de 1971 y
1974. Este último trabajo, consiste en un estudio randomizado de 189 pacientes
con IMA algunos de los cuales hicieron ejercicio físico y otros no, sin
encontrar diferencias significativas entre ambos grupos. No obstante, en la actualidad,
las opiniones contrarias se consideran obsoletas .
Reposo físico y factores de
riesgo coronario Resultados de diversos trabajos muestran, que los individuos
que realizan con regularidad ejercicio no competitivo, tienen un menor riesgo
de padecer enfermedad coronaria. Estudios experimentales realizados con
animales muestran, que existe una incidencia menor de coronariopatías en grupos
de cerdos y de monos que han sido sometidos a ejercicio regular. Morris, entre
1953 y 1973, estudia a 16 800 funcionarios británicos, encontrando una
diferencia de un 50% menos de coronariopatías entre los que decían realizar
ejercicio vigoroso frente a los que no lo hacían. De modo similar, Panffenberger encuentra en
alumnos de Harvard del sexo masculino, que la incidencia de las primeras crisis
cardiacas estaba en relación inversa con la energía gastada en sus actividades
deportivas. Otro estudio realizado por el mismo investigador, y en el que
determina la incidencia de cardiopatía coronaria en un grupo de oficinista y en
un grupo de trabajadores portuarios, notifica una tasa de la enfermedad dos
veces superior en los oficinistas quienes requerían de menor esfuerzo físico
para realizar su trabajo. Concuerdan con los resultados anteriores, los
trabajos realizados por el Health Insurance Plan of Greater New Cork con 55 000
varones, en los que la mortalidad del primer infarto fue del 49% entre los
menos activos, del 25% entre los moderadamente activos y del 17% entre los más
activos. De igual modo, el estudio de Framinghan encuentra una mortalidad por
enfermedad coronaria cinco veces mayor entre los individuos sedentarios que
entre los más activos, y los de Brenner sobre los kibbutzin israelíes, en el
que notifica un incremento de fallecimientos de ori- gen coronario y de
infartos dos veces superior entre los sujetos sedentarios en relación con los
mas activos.
La inactividad física en relación con la tensión arterial
Desde hace algún tiempo se
conoce, que los in- dividuos que realizan ejercicio mejoran su tensión arterial
(TA), siendo además en estos menor la respuesta de la TA al ejercicio, lo cual
resulta beneficioso para los hipertensos. Ekblom y Hermansen observan, que un
grupo de atletas alcanza durante el esfuerzo, un gas- to cardiaco mucho mayor,
con TA sistólica media bastante menor que el alcanzado por un grupo de mujeres
sedentarias .Boyer y Kash informan a su vez, una disminución media de la TA
sistólica de 13,5 mm de Hg y de la TA diastólica de 11,9 mm de Hg, en un grupo
de 617 varones que realizan ejercicio regular durante siete años. La
significación de estos datos es tal, que lo habitual es que en este periodo de
tiempo aumente la TA con la edad. Estos resultados coinciden en parte con los
observados más tarde por Hellerstein y Hornstein quienes informan un descenso
neto de 8 mm de Hg en la TA sistólica y de 2 mm de Hg en la diastólica en otro
grupo de 618 varones sometidos a un programa de ejercicio durante siete años.
En un estudio realizado en Cuba por Pérez y colaboradores, con una serie de 65
pacientes portadores de hipertensión ligera y moderada, a los que se les aplicó
un programa de ejercicios aeróbicos tres veces por semana durante seis meses,
se logran reducciones de la TA sistólica de 13 mm de Hg y de 8 mm de Hg en la tensión
arterial diastólica. En este sentido, los estudios experimentales de Buuch
muestran, que la hipertensión inducida en ratas mediante una dieta muy rica en
sal, puede prevenirse nadando una hora diaria, durante cinco días por semana.
De todo lo anteriormente expuesto, se puede deducir que los individuos
inactivos físicamente controlan peor la TA, lo cual es válido tanto para
sujetos no hipertensos como hipertensos y para pacientes coronarios en los que,
como se conoce, la hipertensión arterial es un factor de riesgo.
El reposo físico. La coagulación y viscosidad de la sangre
En los años sesenta, Egeberg expone que el
ejercicio aumenta la tendencia a la coagulación de la sangre. Más tarde, Ikkala
y colaboradores, muestran que el ejercicio acorta los tiempos de coagulación y
de sangría. Podría deducirse que esto
sería perjudicial para la enfermedad coronaria; no obstante, se comprueba que también
se asocia con un aumento de la fibrinólisis circulante, la que aumenta hasta
siete veces después de los 10 minutos de ejercicio intenso y de 30 minutos de
ejercicio moderado. De ello se deduce, que la disminución de la actividad fibrinolítica
altera la tendencia a la formación de placas de ateroma, ya que en la
composición de las mismas entra la fibrina siendo este otro aspecto que
justifica la proscripción del reposo prolongado en la cardiopatía isquémica A
partir de los años setenta, resultados de algunos trabajos muestran que la
viscosidad y la fluidez de la sangre, juegan un papel considerable en la
isquemia miocárdica cuando la reserva vasomotriz está limitada. Se comprueba
también, que la viscosidad sanguínea está alterada en presencia de
prácticamente todos los factores de riesgo coronaria. En relación con la
viscosidad sanguínea, se destacan los estudios realizados por Ernst y colaboradores.
En el primero de ellos se comparan 14 atletas profesionales con 12 controles
sedentarios, observándose una viscosidad sanguínea sustancialmente más baja en
los atletas. En el segundo trabajo se notifica una correlación di- recta entre
la carga máxima alcanzada en las pruebas de esfuerzo y las variables
indicativas de la fluidez de la sangre. En el tercero, se somete a 12 sujetos
inicialmente sedentarios a un entrenamiento físico durante tres meses y se
encuentra una mejoría progresiva de la viscosidad sanguínea. Por último,
sometiendo a un grupo de 18 pacientes con claudicación intermitente a un entrenamiento
físico durante dos meses, estos investigadores observan, una mejoría de la
viscosidad sanguínea básicamente patológica, concluyendo que la mejoría inducida
por el ejercicio físico regular es mayor, si la viscosidad de la sangre está
básicamente alterada, como habitualmente ocurre en este tipo de pacientes y en
otros pacientes cardiovasculares coronarios o con accidente vásculo cerebral.
CONCLUSIONES
El reposo o sedentarismo produce efectos nocivos
sobre la fisiología general y cardiovascular del organismo. Este, además de ser
un factor de riesgo coronario por sí mismo, condiciona la presencia de otros
factores de riesgo, y por tanto, atenta contra la prevención primaria y
secundaria de la cardiopatía isquémica.
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